Contempladores

El Reino de Dios se instaura con la Segunda Venida de Cristo

Capítulo 4: El surgimiento de la Gran Babilonia

Indice general del libro


Capítulo 1: Los dogmas de fe católica sobre la Segunda Venida de jesucristo
Capítulo 2: La interpretación de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento
Capítulo 3: Los acontecimientos precursores de la Segunda Venida de Cristo
Capítulo 4: El surgimiento de la Gran Babilonia
Capítulo 5: El Juicio de Dios
Capítulo 6: Primera Fase del Juicio: el tiempo de la advertencia o de las 7 trompetas
Capítulo 7: La Segunda Fase del Juicio: el tiempo de la ira de Dios o de las 7 Copas
Capítulo 8: La materia del juicio de Cristo a la Iglesia
Capítulo 9: La Parusía del Señor
Capítulo 10: La instauración del Reino de Dios
Capítulo 11: El Juicio Final y el Reino de Dios eterno
Epílogo

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Capítulo 4: El surgimiento de la Gran Babilonia


  A) Raíces bíblicas de la Gran Babilonia de los últimos tiempos.
  B) La Gran Babilonia según el Apocalipsis.
  C) Engaño religioso generalizado y pérdida de la fe y la caridad.
  D) La Gran Babilonia prepara la venida del Anticristo.
  E) La apostasía en las profecías del Antiguo Testamento.

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Como vimos en el Capítulo anterior, la apertura de los siete sellos y la liberación de los instrumentos de Dios que actuarán en forma muy especial hacia el final del actual tiempo de la Iglesia inaugurado por Dios con la encarnación del Verbo, producirá una serie de acontecimientos precursores de la Segunda Venida de Jesucristo en su Parusía, que se irán reconociendo por una serie de señales que indicarán el acercamiento de ese magno acontecimiento.

De acuerdo a la descripción que nos hace el Libro del Apocalipsis, lo que se producirá en la tierra será el surgimiento gradual pero siempre creciente de lo que denomina “la Gran Babilonia”, por lo que es muy importante entender qué significa esta realidad pavorosa y cuál es su sentido en la historia sagrada.

A) Raíces bíblicas de la Gran Babilonia de los últimos tiempos.

El Libro del Apocalipsis nos muestra el resultado de la estrategia y acción del Diablo cuando ya están cerca los tiempos finales, mediante el surgimiento de “Babilonia la Grande”, la “Gran Ramera”. Podemos decir que el marco en el cual están descriptos los acontecimientos del fin del tiempo en el Apocalipsis corresponden a la vigencia de esta dominadora del mundo futuro, descripta de esta manera:

Apocalipsis 17, 1-9: “Entonces vino uno de los siete Ángeles que llevaban las siete copas y me habló: «Ven, que te voy a mostrar el juicio de la célebre Ramera, que se sienta sobre grandes aguas, con ella fornicaron los reyes de la tierra, y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución.» Me trasladó en espíritu al desierto. Y vi una mujer, sentada sobre una Bestia de color escarlata, cubierta de títulos blasfemos; la Bestia tenía siete cabezas y diez cuernos. La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, resplandecía de oro, piedras preciosas y perlas; llevaba en su mano una copa de oro llena de abominaciones, y también las impurezas de su prostitución, y en su frente un nombre escrito - un misterio -: "La Gran Babilonia, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra." Y vi que la mujer se embriagaba con la sangre de los santos y con la sangre de los mártires de Jesús. Y me asombré grandemente al verla; pero el Ángel me dijo: « ¿Por qué te asombras? Voy a explicarte el misterio de la mujer y de la Bestia que la lleva, la que tiene siete cabezas y diez cuernos. "La Bestia que has visto, era y ya no es; y va a subir del Abismo pero camina hacia su destrucción. Los habitantes de la tierra, cuyo nombre no fue inscrito desde la creación del mundo en el libro de la vida, se maravillarán al ver que la Bestia era y ya no es, pero que reaparecerá. Aquí es donde se requiere inteligencia, tener sabiduría. Las siete cabezas son siete colinas sobre las que se asienta la mujer. "Son también siete reyes:”

Esta descripción de Babilonia, como la gran enemiga del pueblo de Dios, reconoce profundas raíces bíblicas, donde se constituyó en el tipo o figura de los perseguidores de Israel, que arrasaron la ciudad de Jerusalén y deportaron al pueblo hebreo.

En este pasaje del Apocalipsis encontramos referencias muy claras al Antiguo Testamento, como ocurre de continuo en este Libro profético. Veamos algunos ejemplos:

Isaías 13,1;6-13: “Oráculo contra Babilonia, que contempló Isaías, hijo de Amós. Ululad que cercano está el Día de Yahveh, como la destrucción del Devastador viene. Por eso todos los brazos decaen y todo corazón humano se derrite. Se empavorecen, angustias y apuros les sobrecogen, cual parturienta se duelen. Cada cual se asusta de su prójimo. Son los suyos rostros llameantes. He aquí que el Día de Yahveh viene implacable, el arrebato, el ardor de su ira, a convertir la tierra en yermo y exterminar de ella a los pecadores. Cuando las estrellas del cielo y la constelación de Orión no alumbren ya, esté oscurecido el sol en su salida y no brille la luz de la luna, pasaré revista al orbe por su malicia y a los malvados por su culpa. Haré cesar la arrogancia de los insolentes, y la soberbia de los desmandados humillaré. Haré que el hombre sea más escaso que el oro fino, y la humanidad más que metal de Ofir. Por eso haré temblar los cielos, y se removerá la tierra de su sitio, en el arrebato de Yahveh Sebaot, en el día de su ira hirviente.”

Se indica aquí que la destrucción de Babilonia ocurrirá “el Día de Yahveh” (13,6), “en el día de su ardiente ira” (13,13), y además se dice que “he aquí que el Día de Yahveh viene implacable” (13,9). Este “Día de Yahveh” bíblicamente se refiere al día del juicio que Dios establecerá sobre los pecadores al final de los tiempos.

También el profeta Jeremías nos habla de esta situación:

Jeremías 51, 1-6: “Así dice Yahveh: Ved que voy a suscitar un espíritu destructor contra Babel y contra los moradores de Caldea. Enviaré a Babilonia aventadores que la aventarán, y que despojen su país y lo rodeen por todas partes en el día de la desdicha. Entese el arquero su arco contra el arquero, y contra aquel que se jacta de su coraza. No perdonéis a sus jóvenes, exterminad a todas sus huestes, para que caigan muertos en la tierra de los caldeos y traspasados en sus calles. Porque Israel y Judá no son viudas desamparadas de su Dios, Yahveh de los Ejércitos: aunque su país está lleno de culpa contra el Santo de Israel. Huíd de en medio de Babilonia, salve cada uno su vida, no sea que perezcáis por la iniquidad de ella; porque tiempo es de la venganza de Yahveh; Él va a darle su merecido.”

Yahveh suscita un espíritu destructor contra Babilonia (es el que actúa sobre los reyes descriptos en Apocalipsis 17,17) y pide a su pueblo que huya de ella para no perecer en el tiempo del juicio de Yahveh. Sin embargo Dios reconoce que Israel y Judá (la totalidad del pueblo de Dios), aunque no quedarán desamparados (lo que se expresa con la figura de una mujer a la que Yahveh no dejará viuda, es decir, desamparada como eran las viudas que no tenían esposo ni hijos que las sostuvieran), están todavía llenos de culpa y pecado contra Dios.

Jeremías 51, 45-48: “Salid de en medio de ella, pueblo mío, que cada cual salve su vida del ardor de la ira de Yahveh. Y que no se marchite vuestro corazón y tengáis miedo por el rumor que se oirá en la tierra. Cierto correrá un año tal rumor, y luego al año siguiente, otro distinto: violencia en la tierra, y domeñador sobre domeñador. Pues bien, mirad que vienen días en que visitaré a los ídolos de Babilonia, y todo su territorio se abochornará, y todos sus heridos caerán en medio de ella. Y harán corro contra Babilonia cielos y tierra y todo cuanto hay en ellos, cuando del norte lleguen los devastadores - oráculo de Yahveh.”

Nueva invitación al pueblo de Dios a huir de Babilonia, para salvarse de la ira de Yahveh. En la tierra hay todo tipo de rumores, la violencia domina, y en el gobierno un tirano sigue a otro. El último versículo recuerda los pasajes de Apocalipsis 18,20 y 19,1-2.

Este Capítulo de Jeremías sigue con una profecía sobre la destrucción de Babilonia:

Jeremías 51, 52-58: “Pues bien, mirad que vienen días - oráculo de Yahveh - en que visitaré a sus ídolos, y en todo su territorio se quejarán los heridos. Aunque suba Babilonia a los cielos y encastille en lo alto su poder, de mi parte llegarán saqueadores hasta ella - oráculo de Yahveh -. Suenan gritos de socorro desde Babilonia, y un fragor desde Caldea. Es que devasta Yahveh a Babilonia, apaga de ella el gran ruido, y mugen sus olas como las de alta mar, cuyo son es estruendoso. Es que viene sobre ella, sobre Babilonia el devastador, van a ser apresados sus valientes, se han aflojado sus arcos. Porque Dios retribuidor es Yahveh: cierto pagará. Yo embriagaré a sus jefes y a sus sabios, a sus gobernadores y a sus magistrados y a sus valientes, y dormirán un sueño eterno y no se despertarán - oráculo del Rey cuyo nombre es Yahveh Sebaot -. Así dice Yahveh Sebaot: Aquella ancha muralla de Babilonia ha de ser socavada, y aquellas sus altas puertas con fuego han de ser quemadas, y se habrán fatigado pueblos para nada, y naciones para el fuego se habrán cansado.”

Babilonia es devastada, son muertos sus príncipes, gobernadores y sabios, las murallas serán destruidas y quemadas todas sus puertas.

Sin embargo la realidad histórica muestra que Ciro conquistó la ciudad de Babilonia casi sin lucha. Su ejército avanzó desde el norte, venciendo a los babilonios en la batalla de Opis; luego pasó por la ciudad de Sippur, que se rindió, y los persas, al mando de Gabrías, gobernador de Gutium, entraron sin batalla en Babilonia en octubre del 539 A.C., mientras que Ciro llegará muchos días después.

Se dice que para esta conquista Ciro tuvo el apoyo interno del sacerdocio babilonio, que estaba enfrentado al rey Nabónido a causa de sus reformas religiosas. Por lo tanto debemos concluir que estas profecías sobre Babilonia todavía no se han cumplido, de manera que serían profecías mesiánicas, figura de la destrucción de la Babilonia del fin de los tiempos.

También en el Apocalipsis hay un anuncio del Ángel respeto a que Los fieles cristianos deben huir para no ser partícipes del castigo de los pecados de ese mundo anticristiano, concentrado en las grandes ciudades, en las aglomeraciones urbanas.

Este llamado a huir de Babilonia ya resuena en las voces de otros profetas del Antiguo Testamento:

Isaías 48, 20-22: “¡Salid de Babilonia! ¡Huid de los caldeos! ¡Anunciad con voz de júbilo, hacedlo saber, proclamad hasta el extremo de la tierra, decid: Yahveh ha rescatado a su siervo Jacob! No padecieron sed en los sequedales a donde los llevó; hizo brotar para ellos agua de la roca. Rompió la roca y corrieron las aguas. No hay paz para los malvados, dice Yahveh.”

Se exhorta al pueblo de Dios a huir de Babilonia, de la cual se predice en los capítulos anteriores que será destruida. Es la figura de un nuevo Éxodo, como cuando los israelitas salieron de Egipto, recordándoles aquí el profeta que el pueblo será asistido por Dios, como cuando en el desierto hizo brotar agua de la peña en Horeb. Se volverá a dar esta huida al fin de los tiempos.

En el Capítulo anterior de Isaías encontramos el paralelo a las expresiones de Apocalipsis 18,7:

Isaías 47, 7-11: “Tú decías: "Seré por siempre la señora eterna. "No has meditado esto en tu corazón no te has acordado de su fin. Pero ahora, voluptuosa, escucha esto, tú que te sientas en seguro y te dices en tu corazón:«¡Yo, y nadie más! No seré viuda, ni sabré lo que es carecer de hijos.» Estas dos desgracias vendrán sobre ti en un instante, en el mismo día. Carencia de hijos y viudez caerán súbitamente sobre ti, a pesar de tus numerosas hechicerías y del poder de tus muchos sortilegios. Te sentías segura en tu maldad, te decías: «Nadie me ve.» Tu sabiduría y tu misma ciencia te han desviado. Dijiste en tu corazón: «¡Yo, y nadie más!» Vendrá sobre ti una desgracia que no sabrás conjurar; caerá sobre ti un desastre que no podrás evitar. Vendrá sobre ti súbitamente una devastación que no sospechas.”

Está claro que Babilonia se quiere igualar a Dios, quiere suplantarlo, cuando proclama que será para siempre, que sólo existe ella y nadie más, que nunca estará desamparada (no será viuda ni le faltarán hijos que la sostengan).

B) La Gran Babilonia según el Apocalipsis.

Con esta visión de las raíces bíblicas que toman a Babilonia como el “tipo” o figura de la humanidad del fin de los tiempos, vamos a analizar lo que nos revela el Apocalipsis, que asigna este nombre a la gran metrópoli anticristiana que tiene el poder sobre la tierra en los últimos tiempos. Correspondería concretamente a la porción de la humanidad que conocemos hoy como “la civilización occidental y cristiana”.

Veamos los elementos de esta descripción:

La mujer es denominada “célebre Ramera”, explicando que su acción alcanzó a los reyes y habitantes de la tierra, quienes fornican con ella y se contaminan con su prostitución. Lleva en la mano una copa de oro llena de abominaciones. Esta palabra griega (“bdelygma”) significa “ídolo”, que es la acepción que le da el Nuevo Testamento:

Mateo 24,15: “Cuando véais, pues, la abominación de la desolación anunciada por el profeta Daniel, erigida en el lugar santo.”

Esta “abominación” es el ídolo sacrílego que ocupará el lugar de Dios en el Santuario. Por lo tanto Babilonia es prostituta en cuanto los que se relacionan con ella aceptan su idolatría y se contaminan con ella.

También hay claridad en identificar a esta Babilonia escatológica con su tipo o figura, que es la Roma imperial:

Apoc. 17,9: “Las siete cabezas son siete colinas donde se asienta la mujer.”

Es esta, sin duda, una alusión a Roma, conocida como “la ciudad de las siete colinas”, que forman la geografía donde se encuentra edificada. De esa manera las peores características de la Roma pagana se proyectan a la Roma escatológica: su espíritu conquistador, su ambición de riquezas, su religión pagana e idolátrica que desembocará en la adoración del mismo Emperador, su desprecio y dureza para con los pueblos que somete.

Pero la característica esencial de esta gran ramera, “la madre de las rameras”, está dada por quien la ha suscitado y la sostiene vencedora: Satanás. La visión es muy clara: la mujer está sentada sobre una bestia, cuya descripción corresponde exactamente a la del “Dragón” hecha en 12,3:

        Dragón Bestia
Color Rojo Escarlata
Cabezas Siete con diademas Siete
Cuernos Diez Diez


Se cumple así lo que acotábamos antes: el surgimiento de la “Gran Ramera” es resultado de la estrategia y acción del Diablo, que ha ido llevando al mundo, de quien es el amo y señor, hacia el dominio pagano y anticristiano personificado por esta terrible mujer.

Esta “Gran Babilonia” ejerce su influencia sobre el mundo en general, y sobre los cristianos en particular, mediante la fornicación”. ¿Qué significa exactamente este término aplicado aquí? En la sagrada Escritura la fornicación se refiere siempre al culto de los ídolos por el Pueblo de Dios, que cuando ocurre se tilda de prostitución o adulterio.

Desde el Antiguo Testamento Dios plantea en la Escritura la figura del Pueblo Elegido como su esposa, a la que cuida y protege, y que es su posesión más amada y preciada. Cuando esta Esposa se aparta de Dios, buscando el culto de ídolos fabricados por hombres, es como una mujer que deja a su esposo por el adulterio, convirtiéndose en una prostituta. A su vez, la prostituta atrae a otros con sus seducciones, apartándolos de su esposo, es decir, Dios.

Quiere decir que Babilonia es fuente de tentación a la fornicación, como lo hace una prostituta, buscando apartar a los cristianos de la fe, y manteniendo alejados de la misma a los pueblos paganos, impidiendo su conversión. En la actitud de esta ramera subyace el odio a Dios, que le es transmitido e inculcado por quien la ha suscitado, Satanás, por lo que se la presenta embriagada con la sangre de los santos y mártires, a los que persigue de diferentes maneras.

Pero hay otro elemento sumamente importante que debemos tomar en cuenta: en el Apocalipsis, en las Cartas a las siete Iglesias, a la Iglesia de Tiátira Jesús le reprocha lo siguiente:

Apoc. 2,20: “Pero tengo contra ti que toleras a esa mujer Jezabel que dice ser profetisa y que enseña a mis siervos y los seduce para que cometan fornicación y coman lo sacrificado a los ídolos."

Esta Jezabel se encuentra dentro de la Iglesia, y busca que los cristianos transijan con el mundo pagano, dejándose penetrar por sus costumbres, por sus ídolos falsos, lo que va desnaturalizando y desviando su verdadera fe (ver Carta a la Iglesia de Pérgamo). Está claro que la acción de la gran Ramera Babilonia también ha penetrado en la misma Iglesia, parte de la cual caerá en la apostasía (“fornicación con los ídolos”) en los últimos tiempos.

C) Engaño religioso generalizado y pérdida de la fe y la caridad.

Si hay algo que está absolutamente claro es que en los últimos tiempos se propagará un engaño religioso generalizado, que perseguirá dos objetivos: en primer lugar, confundir a los cristianos y apartarlos de la verdad evangélica, y, en forma concomitante, impedir que los paganos abracen la fe cristiana, absorbiéndolos en distintas creencias religiosas que los desviarán y apartarán de la verdadera fe.

El mismo Jesús revela esto en los Evangelios:

Mateo 24,4-5: “Jesús les respondió: «mirad que no os engañe nadie. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy el Cristo’, y engañarán a muchos.»”

Marcos 13,21-22: “Entonces, si alguno os dice: ‘Mirad el Cristo aquí’, ‘Miradlo allí’, no lo creáis. Pues surgirán falsos cristos y falsos profetas y realizarán señales y prodigios con el propósito de engañar, si fuera posible, a los elegidos.”

Jesús se encuentra enseñando en el llamado “discurso escatológico”, referido a su segunda venida, sobre el hecho que muchos hombres vendrán usurpando su nombre (presentándose como enviados o iluminados por Dios), es decir, serán falsos profetas de Dios, tratando de engañar con sus enseñanzas tendenciosas a las personas, y en especial al Pueblo de Dios, elegidos por Cristo (Mc 13,22).

También San Pablo previene de este peligro:

1 Timoteo 4,1-2: “El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe entregándose a espíritus engañadores y a doctrinas diabólicas, por la hipocresía de embaucadores que tienen marcada a fuego su propia conciencia.”

Satanás será el motor que impulsará a estos embaucadores hipócritas, para buscar que muchos creyentes apostaten de su fe cristiana y se alejen de Dios. Esta misma situación se encuentra asimismo descripta en la Segunda carta de San Pedro:

2 Pedro 2,1-3;3,3-4;17: “Hubo también en el pueblo falsos profetas, como habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán herejías perniciosas y que, negando al Dueño que los adquirió, atraerán sobre sí una rápida destrucción. Muchos seguirán su libertinaje, y, por causa de ellos, el Camino de la verdad será difamado. Traficarán con vosotros por codicia, con palabras artificiosas; desde hace tiempo su condenación no está ociosa, ni su perdición dormida. Sabed ante todo que en los últimos días vendrán hombres llenos de sarcasmo, guiados por sus propias pasiones, que dirán en son de burla: « ¿Dónde queda la promesa de su segunda venida? Pues desde que murieron los Padres, todo sigue como al principio de la creación». Vosotros, pues, queridos, estando ya advertidos, vivid alerta, no sea que, arrastrados por el error de esos disolutos, os veáis derribados de vuestra firme postura.”

Estos falsos profetas y falsos maestros son los que introducirán en la Iglesia herejías perniciosas para arrastrar a los cristianos en el seguimiento de esas doctrinas engañosas.

Vamos a preguntarnos ahora: ¿cuáles serán las consecuencias en esta civilización “occidental y cristiana” de los últimos tiempos por la acción de este engaño religioso? Jesús es sumamente claro al respecto:

Mateo 24,11-13:“Surgirán muchos falsos profetas, que engañarán a muchos. Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará. Pero el que persevere hasta el fin, ese se salvará.”

Se producirá un enorme crecimiento de la iniquidad, por lo que la caridad de la mayoría se enfriará. Veamos el sentido preciso que tiene la palabra iniquidad, que en nuestra acepción moderna significa “injusticia grande, maldad”.

La palabra griega que corresponde a “iniquidad” es “a-nomia”, que es sinónimo de “impiedad”, ya que “impío” es “a-nomos”. Jesús utiliza esta expresión en otros pasajes evangélicos, los que nos permiten entender su significado:

Mateo 7, 15-16;21-23: “Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los reconoceréis. No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel Día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí, apartaos de mí, agentes de iniquidad!’

El Señor previene que hay que cuidarse de los falsos profetas y luego aclara que muchos en “aquel Día” (el Día del Juicio en su segunda Venida) dirán que en el nombre de Jesús hicieron milagros, profetizaron, expulsaron demonios, pero lo hicieron falsamente, para su propio provecho, y no para cumplir la voluntad del Padre. Por esta razón son “agentes de iniquidad”, con su engaño y falsedad.

Mateo 13,36-42: “Entonces (Jesús) despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo.» Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo y los segadores son los ángeles. De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego: allí será el llanto y el rechinar de dientes.»”

La cizaña sembrada entre el trigo bueno por el Diablo representa todo lo que no da buenos frutos, porque está influenciado por la acción del Maligno, y que contamina y ahoga el crecimiento de la buena semilla de Dios.
Esta es la acción de los falsos profetas y engañadores que proliferarán en los últimos tiempos, que aquí también son llamados “obradores de iniquidad”.

San Pablo también nos clarifica con precisión el sentido del término iniquidad:

2 Tes. 2,2-8: “Os rogamos, hermanos, que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestros ánimos, ni os alarméis por alguna manifestación del Espíritu, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el Día del Señor. Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el hombre de iniquidad, el hijo de perdición, l adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios. ¿No os acordáis que ya os dije esto cuando estuve entre vosotros? Vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que se manifieste en su momento oportuno. Porque el misterio de la iniquidad ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, entonces se manifestará el inicuo, a quién el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la manifestación de su Venida.”

El Apóstol nos revela que como señal del “Día del Señor” se producirá una gran apostasía (pérdida de la fe) y se manifestará el “hombre inicuo” (“a-nomos”), que será el llamado “Anticristo”, quién llevará su engaño hasta el extremo de proclamarse él mismo como el verdadero Cristo llegado en su segunda Venida, engañando así a todos los que no tengan una fe crecida.

Queda entonces claro que el sentido de “iniquidad” y de “inicuo” o “impío” tiene el significado de un engaño a los cristianos mediante falsas doctrinas para lograr su apostasía, su apartamiento de la verdadera fe.

Como vimos en la cita de Mateo 24,11-13, esta iniquidad producirá un gran enfriamiento en la caridad cristiana. Recordemos que la caridad es una de las virtudes teologales, recibidas por el cristiano en su espíritu con la gracia santificante que otorga el bautismo, cuyo efecto es, en primer lugar, la acción de sentir y vivir el amor que Dios tiene para con los hombres, sus hijos adoptivos, y luego poder dar ese amor sobrenatural recibido a sus hermanos, los otros hombres.

Cuando falta la caridad cristiana, el hombre queda sujeto a sus pasiones desordenadas y egoísmo, tal como veremos más adelante. Pero también hay otra consecuencia tremenda, que Jesús explica en el Evangelio de Lucas:

Lucas 18,7-8: “Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?”

Lucas presenta estos versículos después que en el capítulo 17 Jesús ha enseñado sobre su segunda Venida, y la necesidad de orar siempre sin desalentarse. El que ore y clame a Dios, recibirá la justicia divina cuando el Señor vuelva. Pero habrá sido tan amplia la acción de los “agentes de iniquidad”, que Jesús hace una pregunta desgarradora: ¿encontrará la fe sobre la tierra cuando Él vuelva?

Esta será la característica dominante en la Gran Babilonia del fin de los tiempos: habiendo aumentado el engaño religioso y la apostasía de los cristianos, apenas se podrá encontrar en el mundo unos pocos vestigios de la verdadera vida cristiana, que se manifiesta en primer lugar por la acción de las virtudes teologales, en este caso la fe y la caridad. Serán como pequeños cirios que brillarán aquí y allá en medio de la oscuridad espiritual imperante.

Es decir, la gracia de Dios habrá sido mayoritariamente ahogada y reducida a su mínima expresión en la mayoría de los cristianos por la acción diabólica, con lo cual se dará rienda suelta en la humanidad a las características del hombre alejado de Dios, al pagano, librado a sus propias pasiones y deseos, sin el freno de la gracia divina.

D) La Gran Babilonia prepara la venida del Anticristo.

San Juan advierte desde el principio a la Iglesia naciente sobre el peligro del engaño religioso, que lleva a la apostasía del cristiano, es decir, a vaciar su fe del verdadero contenido evangélico y de la verdad revelada por Dios:

1 Juan 4, 1-3: “Queridos, no os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo. Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; ese es el del Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo.”

Las inspiraciones de la gracia, que dan la luz de la verdad de Dios al entendimiento del hombre, son las que provienen del Espíritu Santo, el verdadero Maestro interior del creyente. Pero San Juan recuerda que también el mal espíritu, el Diablo, actúa con su maraña de mentiras para embaucar al cristiano y alejarlo de la fe verdadera. El Apóstol define a este espíritu engañador como el espíritu del Anticristo.

Esta acción solapada del enemigo del hombre existe desde el principio en la Iglesia, como espíritu de confusión y de división, y es justamente desde adentro de ella que actúa, como lobo disfrazado de oveja. San Juan lo expresa con absoluta claridad:

1 Juan 2,18-19.22: “Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora. Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros. ¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.”

San Juan revela la acción del Anticristo en los tiempos finales, en esa “última hora” que ha comenzado con la encarnación del Verbo y culminará con su segunda Venida. El espíritu de la mentira obra a través de los mismos integrantes de la Iglesia, por lo que es importante el discernimiento de la comunidad para descubrir su presencia y su acción nefasta. La mentira fundamental es la negación que Jesús sea el Hijo de Dios, el Cristo, el Mesías, que es lo que el cristiano afirma desde su fe al “confesar a Jesucristo” como Dios hecho hombre.

La “confesión” o “profesión” de fe en Jesucristo significa declararse a favor de Jesús y su divinidad y de todo lo que contiene la fe cristiana, según la enseñanza del Señor. Jesús hace una solemne promesa a todos aquellos que en la fe se declaran a su favor:

Mateo 10,32: “Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos.”

La misma promesa la hace el Señor en el Apocalipsis:

Apoc. 3,5: “El vencedor será así revestido de blancas vestiduras y no borraré su nombre del libro de la vida, sino que me declararé por él delante de mi Padre y de sus ángeles.”

Por lo tanto, el sentido del surgimiento de la Gran Babilonia es muy claro en función de lo que hemos visto: es la acción del espíritu maligno, que fomentará una humanidad materialista, injusta, con una falsa religión pseudo-cristiana que se acomodará al mundo que la rodea, con un “aggiornamento” que la separará definitivamente de la “antigua y retrógrada” Iglesia basada en los puros valores evangélicos, que quedará fuera del grueso del mundo moderno, refugiándose en un pequeño resto de “católicos ortodoxos”, que persistirá en su fe anticuada y fuera de época.

Podríamos decir que éste sería el surgimiento del Anticristo como persona colectiva, como espíritu maligno que contaminará al mundo, que de esta manera quedará en su gran parte bajo el dominio espiritual del “Dragón Rojo” (el Diablo), quedando preparado para el momento culminante en que se revelará la figura del Anticristo como persona real, tal como estudiaremos en el siguiente capítulo.

Notemos aquí que queda por lo tanto desechado el concepto doctrinal, repetido por muchos autores que no profundizan en lo más mínimo la Escritura, que sostiene a la ligera que la Gran Babilonia es la metrópoli del Anticristo, cuando en realidad es un fenómeno político y religioso que precederá la manifestación del impío.

E) La apostasía en la profecías del Antiguo Testamento.

En el Antiguo Testamento encontramos de muchísimas maneras profetizada la apostasía del pueblo de Dios y su rechazo al Dios verdadero hasta el final de los tiempos, en que se cumplirá el juicio de Dios en el terrible “Día de la ira de Yahveh”.

Los profetas plantean respecto al pueblo de Israel la infidelidad y el alejamiento de Dios por su apostasía, que para los tiempos finales debemos interpretar que se refieren a la Iglesia cristiana:

Jeremías 5, 26-31: “Porque se encuentran en mi pueblo malhechores: preparan la red, cual paranceros montan celada: ¡hombres son atrapados! Como jaula llena de aves, así están sus casas llenas de fraudes. Así se engrandecieron y se enriquecieron, engordaron, se alustraron. Ejecutaban malas acciones. La causa del huérfano no juzgaban y el derecho de los pobres no sentenciaban. ¿Y de esto no pediré cuentas? - oráculo de Yahveh -, ¿de una nación así no se vengará mi alma? Algo pasmoso y horrendo se ha dado en la tierra: los profetas profetizaron con mentira, y los sacerdotes dispusieron a su guisa. Pero mi pueblo lo prefiere así. ¿A dónde vais a parar?”

La injusticia y la ambición de los malvados despoja a los pobres e indefensos, enriqueciéndose a costa de ellos, y atrapándolos en sus ardides y trampas como si fueran pájaros cazados. Suceden cosas terribles en la tierra, en especial porque se falsea la verdadera religión, a través de falsos profetas y sacerdotes oportunistas que ya no predican ni enseñan la verdad, sino que hablan de lo que le gusta oír a los hombres, de aquello que no los interpela según las leyes de Dios.

Este mal, el de la religión falseada y acomodada al gusto de los hombres, es uno de los peores males que sufren los hombres, al que Dios un día le pondrá fin. Esta falsa religión es la que definirá la mayor impostura religiosa al final de los tiempos, cuando el Anticristo proclame ser el Cristo verdadero que ha vuelto en su Parusía, aboliendo el culto verdadero, suprimiendo la misa y la consagración eucarística, apoyado por la falsa iglesia, comandada por un pseudo Papa, el que el Apocalipsis denomina “el falso Profeta” o “Bestia de la tierra”.

Isaías 59, 1-16: “Mirad, no es demasiado corta la mano de Yahveh para salvar, ni es duro su oído para oír, sino que vuestras faltas os separaron a vosotros de vuestro Dios, y vuestros pecados le hicieron esconder su rostro de vosotros para no oír. Porque vuestras manos están manchadas de sangre y vuestros dedos de culpa, vuestros labios hablan falsedad y vuestra lengua habla perfidia. No hay quien clame con justicia ni quien juzgue con lealtad. Se confían en la nada y hablan falsedad, conciben malicia y dan a luz iniquidad. Hacen que rompan su cascarón las víboras y tejen telas de araña; el que come de sus huevos muere, y si son aplastados sale una víbora. Sus hilos no sirven para vestido ni con sus tejidos se pueden cubrir. Sus obras son obras inicuas y acciones violentas hay en sus manos. Sus pies corren al mal y se apresuran a verter sangre inocente. Sus proyectos son proyectos inicuos, destrucción y quebranto en sus caminos. Camino de paz no conocen, y derecho no hay en sus pasos. Tuercen sus caminos para provecho propio, ninguno de los que por ellos pasan conoce la paz. Por eso se alejó de nosotros el derecho y no nos alcanzó la justicia. Esperábamos la luz, y hubo tinieblas, la claridad, y anduvimos en oscuridad. Palpamos la pared como los ciegos y como los que no tienen ojos vacilamos. Tropezamos al mediodía como si fuera al anochecer, y habitamos entre los sanos como los muertos. Todos nosotros gruñimos como osos y zureamos sin cesar como palomas. Esperamos el derecho y no hubo, la salvación, y se alejó de nosotros. Porque fueron muchas nuestras rebeldías delante de ti, y nuestros pecados testifican contra nosotros, pues nuestras rebeldías nos acompañan y conocemos nuestras culpas: rebelarse y renegar de Yahveh, apartarse de seguir a nuestro Dios, hablar de opresión y revueltas, concebir y musitar en el corazón palabras engañosas. Porque ha sido rechazado el juicio y la justicia queda lejos. Porque la verdad en la plaza ha tropezado y la rectitud no puede entrar. La verdad se echa en falta y el que se aparta del mal es despojado. Lo vio Yahveh y pareció mal a sus ojos que no hubiera derecho. Vio que no había nadie y se maravilló de que no hubiera intercesor. Entonces le salvó su brazo y su justicia le sostuvo.”

Es tan grande y está tan extendido el pecado en el mundo, que parece que Dios lo hubiera abandonado, que no quiere oír ni intervenir a favor de los hombres, aunque son ellos que se han separado de Dios y, dándole la espalda, lo ignoran. Los versículos 7 y 8 son citados por San Pablo en Romanos 3,15-17, para demostrar que todos, judíos y gentiles, están bajo el pecado.

Luego de la denuncia del profeta, a partir del versículo 9 hasta el 15, es el pueblo acusado el que toma la palabra: “Por eso se alejó de nosotros el derecho y no nos alcanza la justicia”; se hace aquí una elocuente confesión colectiva, que servirá de introducción a las promesas mesiánicas que cerrarán el capítulo.

Veamos las terribles denuncias del profeta, aplicables totalmente a los tiempos finales:

*Sólo se hablan falsedades y perfidia.
*Nadie clama por la justicia, aceptando y aprovechándose de la injusticia.
*No hay quien juzgue con lealtad y verdad.
*Las obras que se realizan son malas e inicuas.
*Las acciones de los hombres están llenas de violencia y se vierte sangre inocente.
*Los frutos de estos caminos de la humanidad son de destrucción y ruina.
*No existen ni la paz ni la justicia.

Culminamos así con la mirada a ese tiempo histórico, ya muy cercano al final, en que surgirá la denominada “Gran Babilonia”, la “Gran Prostituta”, que dejará servido el camino para la aparición de la gran impostura de los tiempos finales: la del Anticristo, instrumento de Satanás, proclamado como el verdadero Cristo que ha vuelto en su Segunda Venida.

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